POR ENCIMA DE TODO

August 12th, 2007

Siempre se resiente el hogar cuando un familiar deja de existir. El dolor y la congoja llegan a la familia que afronta este trance de maneras muy diversas y con tal o cual manifestación dependiendo del bagaje cultural recibido hasta esos momentos y las ideas particulares que cada miembro de la familia tenga. Pero ¿Qué pasa cuando el teléfono de tu casa suena y nos anuncian que un pariente de la familia de nuestro jefe ha fallecido? Esto sucedió hace pocos días en mi apartamento en España cuando mi madre recibió la noticia del fallecimiento del hermano de su jefa.

 

            Era casi el mediodía del lunes y el teléfono de la casa sonó. Corrí presto a contestar y una voz masculina reclamaba la presencia de mi madre. Le comuniqué que ya hacía un rato había salido rumbo a su centro de labores, una boutique donde se venden ropas de uso femenino. Del otro lado del hilo telefónico se encontraba el asistente personal de la jefa de mi madre y me comunicó que necesitaba localizar a mi madre para informarle que hoy la tienda no atendería por encontrarse de duelo. Sucedió que el hermano de la jefa de mi madre había encontrado la muerte repentinamente merced a un infarto. Apenas recibí la noticia me despedí del asistente, el cual me informó que iba a localizar a mi madre en su móvil. Pasaron un par de horas y mi madre se presentó en casa con la noticia de que ese día no iba a trabajar. Le comenté que ya sabía lo sucedido y pasó a contarme que el hermano de su jefa hace un tiempo ya estaba enfermo de cáncer sin embargo la muerte lo había sorprendido apenas 3 días después de haber celebrado su cumpleaños con un a fiesta a todo dar. Sin embargo parece que ya presentía algo y le comunicó a su hermana que quería organizar su última fiesta en grande, y así lo hizo, comió y bebió como quiso pese a las recomendaciones del médico. Al tercer día la muerte lo sorprendió cuando regresaba de comprar el periódico del día y dar su acostumbrado paseo matutino por el malecón.

 

            Noté a mi madre un poco contrariada con la noticia como si hubiese conocido de cerca de la víctima. No rompió en llanto pero sí se le notaba turbada por la noticia. No aguanté y la interrogué al respecto. Me comentó que no sabía como actuar en este caso, que las relaciones con su jefa no iban bien en el trabajo merced a unos beneficios laborales que le habían sido negados. De algún modo se sentía comprometida a asistir cuando menos al velorio. Sin embargo su jefa le había pedido que por favor la acompañe incluso al entierro de su hermano. Ahí había un entramado difícil de resolver, por una parte el sentimiento de pésame normal que asiste a cualquier ser humano solidario en estos casos y por otra parte el resentimiento por el no reconocimiento de ciertos beneficios laborales. Le aconsejé que lo prudente sería asistir al entierro y quedar bien como persona, ya el destino se encargaría del resto. Es en estos casos que uno debe mostrar su lado humano independientemente de rencillas personales y en este caso laborales. Seguro estaba que iba a resultar una buena lección de calidad humana para su jefa.

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