No es que sea un alcohólico empedernido, mas bien me considero un bebedor social, aquel que suele tomar con amigos en ocasiones muy especiales, pero eso si, cuando la reunión se pone en su punto, me cuesta mucho dejarla.

Ello me sucedió la semana pasada, en la que estaba en condiciones deplorables, después de bailar todo tipo de música, de beber varios tragos y pasarla muy bien mis condiciones no eran las mejores, la verdad es que quien puede resistirse a disfrutar de una gran fiesta, lo bueno que tengo a mi favor es que realmente puedo controlarme y se como manejarme en esas circunstancias, el caso es que no todos pueden hacerlo.

Si pues, lamentablemente eso suele para con algunos amigos. Y cuando digo lamentablemente no hago sino referencia a lo difícil que suele ser el amigo, que esta en “buenas condiciones” comparadas con el que quedo mal. La responsabilidad y esfuerzo es hasta triple pues no solo hay que cargar con el amigo que quedo mal sino consigo mismo y ver que ambos lleguemos bien a nuestros destinos.

El tema de mi amigo si es lamentable, pues aparte que tiene la fama de ser poco experimentado en esto de tomar, siempre suele hacer lo mismo a pesar de las bromas y precauciones que se le recomienda siempre.

El se quedo casi moribundo, no era solo que estaba totalmente dormido sino que podía estallar una bomba, pasar un toro por su lado y no sentir el más mínimo ruido, movimiento, respiración, nada, absolutamente nada.

En esos casos, afloran la amistad y no había más que dejarlo en su propia casa. Estaba tan mal el condenado que era casi necesario dejarlo en un lugar estable y firme donde se pueda echar pues si lo dejaba en la misma puerta de la entrada de su casa podía caerse y golpearse.

Finalmente lo hice, luego de mucho batallar llegamos a su casa, tuve que adivinar entre las varias llaves que cargaba para abrir su puerta y dejarlo en un mueble cualquiera para retirarme.

Sin embargo sucedió lo peor que le puede pasar a una persona que este tremendamente ebria, si pues, le sale el orgullo.

Él decía que estaba bien a pesar de la camisa embarrada y el aliento asqueroso.

De pronto, no sé como hizo para ponerse de pie, y me dijo que subiría a su cuarto, la verdad es que su andar delataba lo mal que se encontraba todavía.
Quise ayudarlo pero nuevamente el bendito orgullo aflora de forma más enérgica y se convierte en un “¡Déjame, yo puedo solo!”.

Se dispone a caminar por sus escaleras; el primer escalón, el segundo, el tercero y luego…¡Pobrecito!Recuerdo haber visto caídas dolorosas, acrobáticas, memorables y extremadamente creativas sin embargo nunca vi una que combinara con todos estos adjetivos. Realmente fue increíble.

Como buen amigo lo ayude y tuve que decirle que de él no fue la culpa, realmente fue la escalera. Es cierto, lo puedo aseverar, él no tiene la culpa que estas hayan cambiado tanto con el tiempo, no es la clásica, con escalones grandes y alfombrados. La de su casa son solo tabladillas, bueno eso parecía, de que eran bonitas no hay duda, eran escaleras modernas, platinas, de una madera llamada huayruro. Daban una sensación de mayor espacio y se veían muy bien, bueno eso no se lo dije a mi amigo, pues para nosotros era la maldita modernización en las casas la culpable de su tan feroz caída.

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