El mudarse muchas veces puede ser reconfortante en lo anímico, a pesar del desgaste físico que representa. Fue así como yo lo vi, hace un tiempo que realice la primera mudanza de mi vida. Había vivido toda mi vida en la misma casa, desde mi nacimiento, pues no nací en un hospital sino en mi propio inmueble.  La cuestión es que por fin me independizaba después de mucho tiempo, y antes de lo esperado pues yo pensé que eso recién iba a ser posible a partir de la realización de Plan de Fomento de Alquiler del ministerio de Vivienda.

 

Bien, como yo estaba con muchas ganas de mudarme a mi nuevo apartamento, me pareció que era lo mejor que podía haber en toda España en cuanto a lo que propiedades inmobiliarias se refería. Aunque en realidad yo sabía que la cantidad de apartamentos regados por todo el territorio español era muy grande y las características de cada uno muy diferente al del resto, habiendo incluso apartamentos de lujo, con los cuales no se podía comparar el inmueble que yo acababa de empezar a rentar. Pero aún siendo consciente de las grandes diferencias que presentaba mi inmobiliario respecto a otros, me sentía muy a gusto de haberlo rentado.

 

No era necesario que hubiese encontrado el mejor apartamento que hubiera en España para sentirme feliz. Eso yo lo tenía totalmente claro. Bastaba con lo que tenía ahora, aunque pequeño y relativamente un poco alejado de mi centro de trabajo, era lo mejor que había podido conseguir, por los precios altísimo que se manejan en estos últimos tiempos en el sector inmobiliario aquí en la península ibérica. De manera que por más que tenía muchos amigos que poseían propiedades aún muy superiores a las mías, yo me sentía igual de contento que ellos de poder tener un apartamento en el cual poder empezar a vivir una nueva etapa de mi vida.

 

Por ello la alegría vino a mí desde antes de llegar al inmueble, desde la mudanza. Ya Sabih yo que todo eso iba a ser muy cansado, pero en realidad era casi el –último esfuerzo antes de dejar para siempre mi antigua casa y ser ahora el propio dueño del inmueble en el que viviría. Mis primos, todos mayores que yo ya habían llevado a cabo la misma acción, la de independizarse, y lo menciono porque varios de nosotros vivíamos en la misma gran casa, con nuestros padres, y nuestros abuelos. De forma que cada vez esa propiedad se iba quedando un poco más vacía y con más espacio para los pocos que ahí se quedaban.

 

Ese fue el paso que hice de una casa a otra. Tal vez no la mejor en toda España frente a los ojos de otra persona, pero para mí, era el mejor apartamento que pudiera haber conseguido. Tenía lo justo y necesario, dormitorio, comedor, sala, cuarto de baño y cocina. No requería más para vivir con tranquilidad por eso, estaba contento. Aunque existan quienes tal vez busquen más cosas en una propiedad, yo sólo buscaba un lugar bueno para vivir.

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