LA CASA DE LOS SUEÑOS Y EL REGALO DE PESADILLA
July 25th, 2007
Creo que desde niño todo el mundo tiene un sueño acerca de la casa donde quisiera vivir. En mi caso siempre vivà en un inmobiliario pequeño, por lo tanto tiene bastante lógica que desde esa edad haya querido mudarme a una casa muy muy grande.
Al ser pequeño mi hogar, mis padres no permitÃan la crianza de animales. Cuanto me hubiese gustado tener la compañÃa de una mascota, un Labrador, un Golden Retriever quizá y por qué no un perro Siberiano de hermoso pelaje en tonalidades grises y blancas, con penetrantes ojos azules. Sin embargo pude ingeniármelas para convencerlos de tener una mascota pequeña, asà es que logré traer un gato a mi casa. Creo que le faltaba ese pequeño impulso a mis padres, el conocer de cerca de una mascota y una mascota tan independiente como un gato.
Recuerdo que en mis años de infancia me sentÃa a veces relegado por vivir en una casa de pequeñas dimensiones respecto a los inmobiliarios de mis compañeros de escuela. Los niños somos asÃ, hacemos juicios de valor en base a la cantidad y calidad de bienes materiales que poseemos, una especie de mercantilismo infantil. Uno de mis amigos de colegio llamado Manuel nos invitó el dÃa de su cumpleaños a su casa. Ese dÃa fuimos con mis padres a comprarle el regalo, yo querÃa regalarle un juguete o una pelota de fútbol y mi padre lo que querÃa era comprarle un disco. Nos enfrascamos en una discusión, yo tenÃa ocho años para ese entonces y no concebÃa la idea de regalarle un disco a un chico de mi edad y menos un disco del grupo Menudo, muy famoso por entonces pero enemigos acérrimos de nosotros los chicos ya que con sus canciones y puestas en escena nos robaban la atención de las chicas. Ahora a mi edad comprendo que la situación fue más simple de lo que parecÃa. Mi padre simplemente trató de abaratar costos. Evidentemente es más barato un disco que un juguete al menos en esa época en donde el Long Play dominaba los escaparates de tiendas y bazares. En fin, el hecho es que mi padre salió con su gusto y me encomendó la embarazosa tarea de entregarle el disco de Menudo a mi amigo Manuel. Ni bien tuve el disco entre mis manos empecé a sudar. ¿Qué cara pondrÃa tanto Manuel como yo? ¿Por qué le tiene que pasar estas cosas a un niño de esa edad? Rogué para ser el primero en llegar a la fiesta.
Mi padre siempre fue un conductor prudente y manejaba sin prisas, afortunadamente no era mucha la distancia hacia la fiesta y la salvamos en poco menos de diez minutos. Ubicamos la dirección con facilidad. Era una calle amplia y poco transitada, a decir verdad nuestro auto fue el único en movimiento cuando divisé la calle. Las fachadas de todas las casas eran hermosas y tenÃan algo en común, ninguna carecÃa de jardÃn en la entrada. Esto hacÃa que el color verde predominara en la retina. Por supuesto se habÃa instalado la competencia entre los vecinos a ver quién tenÃa el jardÃn más bonito y mejor decorado, competencia en la que el ganador era el visitante, en este caso quien les escribe.
La dirección de Manuel era 469, lo recuerdo con claridad. Su jardÃn era uno de los mejores de la cuadra, la verdad quedé maravillado, tanto asà que olvidaba que llevaba una pesada carga que entregar, el maldito disco de Menudo, pero eso lo contaré en el siguiente post.

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