Me quede paralizado. Digo, ¿Qué se supone que iba a decir? “Mira lo que te compré”. En parte era verdad, en parte no. Ese es uno de tantos problemas que surgen  cuando a los padres de les ocurre tomar ciertas decisiones en reemplazo del hijo. Ahí me encontraba listo para humillar a mi amigo en su propia casa. Tampoco podía desentenderme de la responsabilidad y echar toda la culpa a mis padres que estaban muy cerca observando toda la escena, ni que decir del resto de invitados y familiares que ya medio llenaban el hermoso inmobiliario. Todos estos pensamientos me asaltaron en los cuatro o cinco segundos que habrá tomado Manuel en llegar hasta mi posición y casi embestirme. El era un niño bastante gordo para su temprana edad. Recuerdo haberlo visto en la escuela y a decir verdad se la pasaba moviendo la mandíbula durante todos los recreos. Sus refrigerios consistían en emparedados rellenos de distintas comidas, bebidas y por supuesto una batería de golosinas. Difícilmente compartía sus raciones con alguien y por supuesto a esas alturas su panza empezaba a notarse. Y toda esa humanidad aceleró como una tromba en mi dirección yendo a frenar a escasos centímetros mío, sin embargo la inercia hizo que la maniobra fracasara. Yo por mi parte había esperado hasta el último instante con el disco de Menudo entre mis manos pero tras de mi. Obviamente al ver el cuerpo sólido que venía en ruta de impacto directamente sobre mi, pasé las manos delante de mí en acto defensivo con el Long Play sostenido en una sola mano. Traté de girar hacia mi izquierda, protegiendo, no sé por qué, el ridículo disco, pero fue inútil, Manuel generó demasiada inercia y terminó impactando de frente sobre mi costado haciendo que los dos rodáramos por el suelo. El disco de Menudo salió volando y fue a impactar sobre el rostro de su hermano Paco que recién regresaba de abrirnos la puerta a mí y a mis padres. Afortunadamente no le cayó de canto sino de plano, de lo contrario pudo haberle echo un corte.

 

            Ya en el suelo, Manuel y yo quedamos trenzados. Mi amigo fue el primero en zafarse del lío y en lugar de pedirme disculpas y ayudarme a incorporarme, saltó por encima mío casi pisándome y fue al encuentro de su regalo que se encontraba correctamente envuelto y ahora en manos de Paco que, aprovechando su gran estatura, lo tomó en una de sus manos y lo puso por encima de su cabeza, casi llegando a tocar el techo del inmueble con el. Manuel por su parte daba saltos luchando inútilmente por alcanzar su trofeo, yo mientras tanto apenas me había terminado de rehacer y me encontraba sacudiéndome de la caída. Sin embargo al poco reaccioné y me di cuenta que mal que bien el atropello había resultado en mi salvación. Al menos ya no era yo quien debía darle el beso de Judas a mi amigo, sino que ahora Paco se disfrazaría de Caín para traicionar a su hermano. Sonreí para mis adentros y, tratando de aprovechar la circunstancia que ahora acaparaba las miradas, intenté escurrirme con destino al baño. Ya había avanzado unos cinco pasos, mi objetivo se encontraba a tan sólo dos pasos cuando de pronto se escuchó una voz masculina muy fuerte que inundó todo el recinto. “Hey”. Sintiéndome a todas luces culpable, frené tontamente y girando la cabeza comprobé que se trataba de otro de los hermanos de Manuel, era Gabriel, de rostro muy parecido al de mi amigo pero cinco años mayor que él y unos tres años menor que Paco. Quedé clavado en el suelo y Gabriel se acercó hasta mí tomándome por el hombro y solicitando que acompañara a Manuel para abrir el regalo. Al mismo tiempo Paco bajaba el brazo que tenía en alto y le entregaba el trofeo a Manuel. Todo volvía al punto cero. Atrapado, sin salida, observé como mi amigo procedía a rasguñar el papel que envolvía su regalo, bajé la mirada, no podía hacer más, me esperaban largos meses de burlas en el colegio que apenas había empezado su periodo hacía un mes. Mi amigo por supuesto no quedó nada conforme con el regalo y se limitó a decir “pensé que era otra cosa”, mientras sus padres me tendían una mano elogiando mi buen gusto al escoger el regalo. De ser cierto sus comentarios definitivamente los padres hablan otro idioma.

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