HAMBRE Y FRUSTRACION

September 21st, 2007

¿Nunca les ha pasado que llegan a su inmobiliario cansados luego de un arduo día de trabajo y lo único que quieren es comer algo e irse a dormir? A todos nos pasa, hay días que la jornada laboral se complica o nos distraemos con funciones que no corresponden a nuestro trabajo y terminamos extendiendo nuestro día laboral hasta entrada la noche. Luego de eso llegamos a la casa y rendidos, muertos de hambre, queremos abrir el refrigerador y comer francamente lo que sea. Ah pero ¿Qué sucede cuando abrimos el refrigerador y no encontramos nada? Suena gracioso, trágico y hasta ridículo pero a veces es así. Esta situación bien se puede dar debido a nuestra propia negligencia, ya que nos olvidamos de surtir adecuadamente el refrigerador, o de monitorearlo para que no nos falte nada. Estas reflexiones son lógicas para una persona que vive sola y que tiene múltiples ocupaciones y es natural que se le olvide algún día de surtir sus despensas y a veces da la coincidencia que toca en uno de estos días difíciles. Sin embargo puede ser el caso que no vivamos solos y nos hayamos olvidado de apuntarle a la trabajadora del hogar los alimentos que debía tener en stock o que no haya habido una adecuada coordinación a este respecto. Hasta ahí, no nos podemos quejar.

Pero hay algo que si nos puede llegar a sacar de quicio y sucede cuando abrimos y no encontramos nada comestible debido a que algún miembro de la familia, desconsiderado, por cierto, ha arrasado literalmente con las raciones que hasta en la mañana se encontraban ahí. Nadie está diciendo que no se deba comer pero debe haber una consideración mínima hacia el resto de los integrantes del clan familiar. Eso me pasó la semana pasada y aún conservo la rabia y la frustración de ese momento. Había llegado muy tarde a mi inmobiliario, que sé yo, serían las diez de la noche aproximadamente, minutos más, minutos menos, en mi trabajo las cosas no habían salido como yo hubiese querido y las complicaciones se trenzaron y recién se clarificaron en la noche, permitiendo mi salida. Es así como llego a casa y tenía tanto cansancio que lo primero que hice fue lanzar mi maletín sobre la cama del cuarto y desenfundarme del uniforme de trabajo. Pensé en comer algo y luego irme a dormir pero por otra parte un buen baño era imperioso, así que, decidí alterar el orden de los acontecimientos. Desgraciada idea.

Me terminé de desnudar y me di el duchazo más memorable en lo que va del año, me quedé remojando por casi treinta minutos y salí con nuevos bríos, me puse mis pantuflas y una bata muy cómoda y me dirigí a la cocina a ver con qué empezaría. Tenía en mente las exquisitas manzanas que había visto en la hora del desayuno y un vaso de yogur helado para comenzar, quizá lo completaría con unas cuantas rebanadas de pan integral y listo. Al llegar a la cocina y abrir la refrigeradora me topé con que no había absolutamente nada, aunque a decir verdad vi en el fondo de la primera división un cochino atado de frijol chino, inservible para mi por supuesto. De las manzanas y el yogur ni rastro. Me conformaría con el pan, así que di media vuelta y empecé a registrar las gavetas de la alacena obteniendo la frustración por resultado. Lo peor del caso fue que ya me había cambiado y no pensaba salir. Mi pareja había salido con mi hijo y la doméstica estaba durmiendo, debía esperar al día siguiente para desquitarme.

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