El interrogatorio

September 19th, 2007

Yo regresaba del estadio después de haber vivido una tarde bastante vibrante, aunque el partido había terminado en empate había disfrutado mucho. No importara que ninguno de los dos equipo hubiese ganado, tal vez era mejor de esta manera, ya que fui acompañado de un amigo que alentaba al equipo con el que se enfrentaba el mío. Así, cuando salimos del estadio no nos burlamos del otro porque su equipo hubiese perdido y las bromas fueron sobre otros. Pasamos por unos amigos que recién salían de trabajar y nos dirigimos a mi inmueble. Una vez allí, quedamos en pedir unas cosas para comer pues se hacía tarde y  no habíamos siquiera almorzado. Era porque ese día las cosas habían pasado tan apresuradas que casi no nos dimos cuenta de la hora hasta que llegó el momento de ir al estadio.

 

Mientas esperábamos que llegara el pedido, nos pusimos a conversar y a beber un poco. No teníamos una reunión desde hace varias semanas y en realidad nos habíamos visto poco. Era la primera vez que uno de ellos llegaba a mi casa, y era porque recién me había mudado. Fue así que empezó a bombardearme con una serie de preguntas que no me molestaron en lo absoluto, pero si me sorprendieron muchísimo. Por ejemplo empezó a interrogarme acerca de que agencia inmobiliaria había contactado para conseguir el apartamento, o si era bastante beneficiosa la financiación inmobiliaria que había podido conseguir. Cosas por el estilo que por lo general no estaba acostumbrado a hablar en una reunión con amigos. Sin embargo me lo preguntaba de una manera tan natural que me parecía que tan sólo iba haciendo un tema de conversación en espera de la comida, que yo ansiaba que llegara en cualquier momento, lo más pronto posible, tanto porque tenía mucha hambre como porque ya no me agradaba seguir dándole detalles de mi compra de apartamento.

 

Finalmente llegó la comida. Sonó el timbre y me paré de inmediato para acercarme a la puerta, abrirla y escapar de aquel -sobre todo aburrido- interrogatorio que me tenía sentado por más de media hora hablando de lo mismo, repitiendo y repitiendo las frases que hace minutos había dicho. Regresé con la comida en la mano y trate de cambiar le tema pero mi amigo volvió a la carga con su montón de preguntas, acerca de cómo había hecho, dónde había buscado, y finalmente hizo una pregunta que por fin me dio la luz  de entender a que se debía todo ese cuestionario que parecía tan elaborado: ¿habrá otro apartamento cerca, a un precio similar? En primer lugar, yo no lo sabía porque no andaba preocupado por el movimiento inmobiliario de la zona. Sin embargo después de que ese pensamiento cruzara por mi cabeza me di cuenta de que desde llegamos toda la conversación había girado en torno a su interés por adquirir un apartamento. Después de ello le dijimos que mañana empezara él su búsqueda de nueva casa y que por ahora solo queríamos discutir el partido.

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