EL APARTAMENTO DONDE LA DIVERSIÓN CUESTA
December 31st, 2007
Cuando adquirí mi apartamento en Madrid, nunca pensé que se convertiría en fuente de negocio. Claro, ustedes puedes pensar que cualquiera puede comprar un apartamento y luego rentarlo para tener una entrada mensual fija pero no es ese el negocio al que me refería. Eso sería muy fácil y cualquiera podría hacerlo pero de todas maneras nos veríamos obligados a vivir en otro inmueble ya sea propio o también alquilado. Había que pensar la forma de sacarle el jugo, vivir en este y a la vez percibir un ingreso por el alquiler del mismo pero, ¿Cómo? Poniéndome a pensar en eso se me vino a la mente una escena que vi en alguna película o serie acerca de un tipo que ponía en renta su apartamento, el aviso salía el fin de semana en un diario y a la semana siguiente los postulantes acudían en busca de informes pero el casero en cuestión le daba la prioridad a las chicas. Entre las escenas que venían a mi mente estaba la de una chica muy hermosa, muy joven ella, me atrevería a decir que apenas pasaba los veinte abriles. Esta chica era estudiante y quería alquilar un apartamento, ambos se enamoran pero el casero, más experimentado y malicioso, le cobra la renta mensual como si fuera una extraña pero a la vez vive en el apartamento con ella. Ese sería un golpe de suerte tremendo y no sucede así nomás, había que buscar una mejor forma de sacar el máximo partido a un apartamento y se me ocurrió que quizá lo podría alquilar por unos cuántos días nada más.
Fue así que se me ocurrió la idea de adquirir un departamento y alquilarlo para fiestas. Inmediatamente mi parte negativa salió al paso diciendo que un apartamento es muy chico para una fiesta y que ese negocio tendría que hacerse en un inmueble de mayores dimensiones. Cierto. Entonces busqué una solución y pensé que una buena variante sería que se alquile el apartamento anunciándolo como epicentro de las mejores fiestas de solteros y para ampliar más el espectro de llegada, podían organizarse fiestas de solteros tanto para hombres como para mujeres y las ideas siguieron fluyendo a la par de la emoción y pensé en un viernes femenino, es decir que esos días sean exclusivos para organizar despedidas de soltera, dejando los sábados para los chicos que evidentemente dejarían más “daños” en el apartamento dándome tiempo el domingo para las reparaciones del caso. Yendo más allá en la imaginación, pensé que una vez al mes podía alquilar el apartamento, anunciando fiestas de solteros mixtas, a riesgo de los organizadores. La idea prometía ser todo un éxito, estas fiestas pegan mucho, pero había un pequeño inconveniente, ¿Los vecinos, estarían de acuerdo? En ese sentido tuve suerte, el destino hizo que alquilara un apartamento en el último piso de un pequeño edificio de cinco pisos. La suerte consistía en que dicha planta estaba un tanto aislada de los pisos inferiores, separada por una especie de piso intermedio en donde se encontraban algunas instalaciones eléctricas y cuartos de depósito. Por si fuera poco, una gran puerta de metal servía de barrera entre mi piso y el resto del edificio. Hice las pruebas con un potente equipo de sonido y, feliz, comprobé que el ruido no se filtraba. Sólo quedaba ganarse la confianza del resto de los vecinos porque de todas maneras el acceso y salida de mi apartamento debía hacerse por áreas comunes como elevador o escaleras. Afortunadamente el recorrido de los ascensores era independiente de los apartamentos, mala suerte hubiese sido que me tocarán esos elevadores que abren sus puertas directamente a cada apartamento.
Hice mis cálculos y vi que la suerte seguía de mi lado, el edificio parecía ser un estado ideal para el negocio que me proponía hacer pues en todos los apartamentos residían personas solteras y solas, definitivamente había un componente místico presente que confabulaba para la puesta a punto del negocio, todo era cuestión de estar en sintonía con el destino pues me costó mucho trabajo averiguar estos datos y confirmarlos de buena fuente. Incluso se llegó a dudar de mi reputación por tantas preguntas que hacía, dudas que fueron disipadas cuando se desató el gran negocio. Entonces, con el terreno bien afirmado, vi cuál sería la mejor forma de enfocar el negocio. Primero me preocupé acerca de lo que iba a hacer quien escribe mientras se desarrollaban las fiestas, digo, en algún lugar debería pasar la noche, no era problema, tenía varios familiares en la ciudad dispuestos a alojarme pero, ¿Qué les decía?, la familia tradicional siempre censura estas cosas así que pensé que lo mejor sería contar con la anuencia de algún amigo o, mejor aún, alquilar un cuarto en un hotel barato sólo por eso días y así mantener las cuentas en azul. Decidido, dormiría en hotel u hostal incluso. Lo siguiente era ver todo lo referente a la organización del negocio, tenía que manejarlo de manera privada, casi a nivel de amigos y cercanos pues difícilmente obtendría una licencia para una actividad nocturna en zona residencial. Definitivamente el negocio debería mantener un perfil bajo y no encender los reflectores. Descarté anuncios en los diarios o construcción de páginas web que promocionaran el negocio. Todo quedaría en manos de los contactos y las despedidas de soleteros que se organizarán, serían hechas bajo el rótulo de la amistad. Yo siempre sería la persona amable que “prestaba” su inmueble para el desarrollo de la fiesta.
Y la rueda del negocio empezó a rodar, lentamente pero a paso firme, me contacté con unos amigos de la época universitaria, habían muchos solteros que estaban a un paso del suicidio –así le llamaban al matrimonio- y a la vez tenían amigos que tenían el mismo inexorable destino. Por el momento era suficiente y pensé en más adelante comunicarme con amigos de la época de escuela, mercado no me iba a faltar. La cuota era relativamente barata y digamos que el organizador del evento –algún amigo o amiga del novio o la novia- se encargaba de solicitar la cuota a cada participante por concepto de alquiler de local, dinero que iba directamente a mis arcas. Debo decir que no aguanté la tentación y, en más de una ocasión, me “filtré” en una de estas despedidas donde por supuesto no faltaban los shows de bellas desnudistas pero esa es otra historia.

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