La idea de encontrar un apartamento que  cumpla con las expectativas siempre  sobre entiende conceptos como comodidad, seguridad,  estilo, tranquilidad y todo eso, pero también  puede significar buena compañía. No estoy diciendo que una mujer hermosa sea el último punto de  obsequio especial por la agencia inmobiliaria, no;  a lo que me refiero es que siempre una vecina bonita  alegra  la estancia.

Algo parecido me sucedió en los tres meses que alquilé un apartamento en la ciudad de Barcelona, estuve allí ese tiempo por razones de trabajo  y recuerdo que el apartamento como la calle era elegante y tranquilo, recuerdo que la primera vez que la vi fue una mañana que salía presuroso camino al ascensor, me había quedado dormido  por estar viendo la televisión hasta tarde la noche anterior y estaba como veinte minutos  tarde. Eran casi las ocho y  a la llegar a la puerta del ascensor  mis ojos se descompusieron con su belleza por primera vez. Llevaba ropa deportiva, el cabello largo y ondulado lo llevaba anudado y dejaba ver por completo su hermoso y  fino rostro. Esperaba el ascensor  igual que yo, era alta y tenia la cinturita de lápiz, un cuerpo hermoso que la ropa ceñida de hacer deporte permitía mostrar  sin  problemas.

Entramos al ascensor, la saludè cordialmente, no respondió, solo una sonrisa segundos después me haría pensar que era una forma suya de  responder a mi saludo. El silencio nos llenó el ambiente hasta el primer piso, Alejandra, me llamo Alejandra, me dijo, no seas tímido. Y se fue

Los días siguientes andaba mas en los pasadizos que en mi apartamento intentando  encontrarme nuevamente  con ella, pero nada. No podía dejar de pensar en ella, hace poco había visto una película donde un chico algo rebelde  conoce a su nueva vecina, una chica aparentemente tranquila que luego se vería, trabajaba haciendo películas para adultos, eso no era lo que me imaginaba de Alejandra, pero me entusiasmaba la idea de volver a verla

Y la vi luego de una semana de intensa búsqueda y averiguaciones del número de su apartamento. Era preciosa, siempre sonriente y coqueta, parecía inalcanzable y el aroma de su fragancia me  diluía totalmente. Logré con mucho afán  que me aceptara una invitación a comer, conversamos mucho, nos miramos mucho y el vino  asfixio mi timidez por unas horas. Siempre había escuchado esas historias de la vecina bonita, casi  una fantasía en la mayoría de los hombres, tener una aventura amorosa con la vecina de al lado, me pasaba esa idea por la cabeza en cada  copa de vino que terminábamos y se aferraba más a mi suerte en cada copa que iniciábamos.

Alejandra se dedicaba  a la venta de propiedades, era agente de ventas de una reconocida inmobiliaria en España, y estaba residiendo en Barcelona por unos meses, normalmente vivía en Madrid. Habíamos bebido ya lo suficiente cuando le ofrecí irnos a  mi apartamento, ella aceptó y nos fuimos.

Al entrar le serví otra copa de vino, nos pusimos a charlar más, de pronto  una llamada a mi celular interrumpió mi noche soñada, tuve que atender porque era de trabajo. Estuve hablando alrededor de quince minutos por el celular a pesar de hacer todo lo posible por cortar en el menor tiempo posible la llamada. Demoré mucho, al  salir a la sala no la encontré, había dejado una nota que decía: me voy a dormir, dulces sueños. Nunca màs la volví a ver, cuando pregunté en recepción me dijeron que había dejado dicho que volvería en unos meses, yo tuve que dejar Barcelona y no he sabido de ella hasta el día de hoy. Y ese sueño se me volvió pesadilla.

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One Response to “Dulces sueños Alejandra (en mi apartamento, algún día)”

  1. Bonaventura Says:

    los apartamentos puueden ser niditos de amor muy entrenidos si se sabe llevarlos.

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