Convivencia en un apartamento

October 9th, 2007

Cuando uno termina de buscar un apartamento y ya lo ha adquirido, por lo general cree que en adelante todo va a poder ser tranquilidad, ya que después de haber terminado el contrato con el agente inmobiliario, y de haber cerrado el trato por determinada cantidad de dinero que se tendrá que pagar de la hipoteca, todo parece bueno: tan sólo empezar a mudarse y luego gozar de la paz que significa un nuevo apartamento con todas las comodidades que un nuevo dueño puede ir descubriendo de a pocos en su nueva propiedad. Quizá esto sea de lo más relajante y tranquilizador, ya que el dueño sabe que tiene el apartamento para sí solo y puede descansar tanto como quiera sin tener que compartir con nadie más. Esa es una de las ventajas de vivir solo. No estar pendiente de nadie más. Sin embargo no todo es color de rosas en los apartamentos, pues siempre están los vecinos.

 

De vecinos se trata justamente el drama que viví hace unas semanas. Recién me había mudado a un apartamento que conseguí a buen precio, y me disponía  a empezar mi vida desde mi nueva locación, hasta que una noche muy pesada, pues no había podido dormir muy bien desde casi toda una semana antes, por cuestiones del trabajo -aunque también de fiesta-, tuve problemas. El hecho era que el día siguiente era por fin sábado, y podría dormir todo lo que quisiera en la mañana. Mejor dicho hasta casi la tarde pues no tenía ningún plan de levantarme para nada que no representara una grave emergencia. Sin embargo, esa noche fue dificilísimo el cerrar los ojos y dejar mi mente en blanco para poder descansar. No porque yo tuviera nada que me preocupara mucho (a no ser que se pueda tomar en cuenta el precio un poco elevado de la hipoteca que tenía que pagar, pero eso ya lo había asimilado) sino porque del apartamento contiguo al mío provenía un sonido cada vez más alto como si se tratara de un taladro que iba penetrando en la pared y se acercaba más a su destino final. No era más que mi vecino. Un joven estudiante, irresponsable con el resto de personas que compartían el mismo piso, y que querían dormir a esas horas.

 

Hasta que por fin pude dormir esa noche, después de haberme acostumbrado a la bulla que había. Sin embargo muy temprano por la mañana, pude darme cuenta que ese vecino, que pronto estaría en la mira de todos, no era de dormir mucho. Ello debido a que bien temprano, a las ocho de la mañana, ya estaba de vuelta con su música estrepitosa a todo volumen, y retumbando en las paredes y oídos del resto de personas. Ello fue lo último que soporte. Me paré dispuesto a  salir y tocar a su puerta para gritarle en la cara que se callara él y bajara el volumen a su música y que dejara dormir al resto, sin embargo, cuando llegué a mi puerta, era más de uno el que ya estaba recriminándole el que no dejara dormir en un día de descanso. Pronto se sumaron más, y yo me acerqué también con cara de molesto. El pobre de la música no sabía qué hacer con tantos vecinos quejándose frente a su puerta, hasta que se tuvo que disculpar y prometer no volver a ocasionar ningún ruido fuerte. Así terminó el causante del bullicio, haciendo que todo el mundo se exaltara, aunque con justa razón. Claro que sí, cualquiera de ustedes hubiera hecho lo mismo.

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