AGENTES INVISIBLES

September 21st, 2007

Esta historia me la contó un amigo al que le tengo mucha confianza, por eso le creí apenas la escuche, aún más allá de mi asombro y de mis ganas de no creerla. No parecía que a una persona le podía ocurrir esto, así que no quería creerlo pero tuve que hacerlo pues todo pareció tan real. Me contó que le ocurrió a un primo suyo, que vivía en Madrid. Claro que después de lo ocurrido no se quedó ni en su apartamento, ni en la ciudad, ni en el país.  Es decir, de su apartamento en España no quedó ni memoria. Ahora está en el extranjero, pero sabe Dios dónde pues no quiso decir adónde se iba.  En fin, la historia empezó un día que volvía de trabajar, en realidad un poco más temprano que de costumbre. Hasta que subió por el elevador y entró a su apartamento, todo estaba normal. No había indicio de nada que pudiera sacarlo de su rutinario descanso post trabajo.  Sin embrago nadie se imaginaba lo que luego le iba a pasar.

Entró a sus dormitorio y de inmediato sintió que llamaban a su puerta por lo que se dirigió hacia ella, aunque no de muy mala gana. Pero no encontró a nadie. Volvió a entrar y volvió a ocurrir lo mismo. Esto pasó más de cinco veces según me refiere mi amigo, puede que hayan sido más o menos, nunca se sabe cuando una historia pasa de boca en boca. La última vez que se dirigió a la puerta, encontró un paquete que estaba al pie. Lo recogió y lo metió a su casa pues tenia su nombre inscrito en él. Lo abrió y para su sorpresa no encontró nada que fuera a significarle algo, pues porque de hecho no halló nada. La caja estaba vacía. La dejó en el pasadizo, y apenas cerró la puerta, alguien volvió a tocarla. Esta vez ya estaba enojado. Abrió y nadie. Pateó la caja y esta fue a dar en la puerta de en frente haciendo un ruido un poco fuerte. Por lo que decidió ir a disculparse con su vecino. Aunque no lo conociera, y aunque en realidad no conociera a nadie en el edificio, pues acababa de alquilar el apartamento hace menos de una semana y con tanto trabajo no había tenido tiempo de ver a nadie a la ahora que él llegaba a la casa.

Tocó la puerta repetida veces y no sucedió nada. Así que creyó que quien le hacía la broma provenía de ese apartamento. Tocó más fuerte, y más fuerte pero nada. De pronto escuchó unos pasos por la escalera y se calmó. No quería que lo vieran exaltado. Eran dos personas, una de ellas le dijo ser el dueño del edificio y le preguntó ¿qué hacía allí?. Él le respondió que ahí vivía y que trataba de descansar. Sin embargo la respuesta que oyó era  imposible y aterradora: no podía vivir ahí por que nadie había alquilado ningún apartamento. El agente inmobiliario encargado se había suicidado justo antes de empezar el proceso, y lo había hecho en el apartamento al cual nuestro personaje había estado llamando a la puerta. Él, intrigado, les preguntó por su nombre y sus características. En ese momento hubiese querido dejar de oír, pero el nombre de su agente, el que le había alquilado la casa hace una semana, fue el mismo del agente que se había suicidado hace dos.

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