Oportunidad de golpe
September 27th, 2007
Tratando de conseguir un apartamento en el centro de Navarra, salà a buscar a mi hermano para que me acompañase. Pero primero debÃa esperar que terminase de trabajar. Asà que estuve en la primera planta del edifico donde queda su oficina, y me quedé conversando con la recepcionista por largo rato, quien ya me conocÃa pues eran varias las ocasiones en las que habÃa ido a buscar a mi hermano a su trabajo. De esta manera se pasó más de una hora y media hasta que fue la hora del almuerzo. Vi bajar a mi hermano y le dije que me acompañara para ver pisos por ahà cerca, pero me dijo que no tenÃa mucho tiempo y que volverÃa a trabajar en unos cuarenta y cinco minutos, el tiempo que tenÃa para salir a comer y luego regresar a su trabajo. Por lo que salà con él a comer. Mientras tanto le iba contando los anuncios que habÃa visto en los diarios, y que me habÃa contactado con un amigo que tenÃa un conocido que era agente inmobiliario y que me podÃa ayudar a buscar el apartamento que querÃa. Lo cual me parecÃa muy bueno, y a mi hermano también le pareció lo mismo; pues podrÃa ahorrarme un poco de dinero si salÃa todo bien.
Â
En fin, terminó el almuerzo y él volvió a su trabajo y yo a esperarlo, pues el coche era de él. Seguà esperando unas horas más y por fin terminó la hora de trabajo. Fuimos a ver algunos inmuebles y nos pasamos el resto del dÃa en eso. Primero, empezamos por unos que estaban bastante cerca de su trabajo, por lo cual todo estuvo normal, pero cuando empezaba a anochecer y le dije que tenÃamos que ir más lejos como que se enojó un poco y ya no quiso seguir. Nos paramos a echarle gasolina al carro, y después, sin decir nada, fue camino a donde yo le habÃa indicado. Ello me pareció raro, pues creà que ya Ãbamos a ir a casa, y que la indagación de precios seguirÃa otro dÃa que no fuese hoy.
Â
Sin embargo, como todavÃa no era muy tarde, encontramos un par de lugares en los que nos pudieron dar información sobre algunos apartamentos que estaban a la venta y también en alquiler. Al parecer la búsqueda del inmueble no era tan difÃcil como yo lo habÃa imaginado en un principio, y ahora sólo estaba a punto de encontrar el lugar que más me gustara. Los precios de los inmuebles que habÃa oÃdo no eran muy elevados por lo que pude verificar in situ, lo que habÃa leÃdo en los diarios acerca de la disminución, aunque no mucha, de precios. Igual era una buena oportunidad para lo del apartamento, seguÃa pensando yo. Asà terminó ese dÃa. Con un par de muy buenas ofertas, y con las ganas de comprar al momento el apartamento, pero el Ãmpetu era calmado por mi hermano que me decÃa que era mejor pensarlo un poco. AsÃ, yo le hacÃa caso, sin embargo no lo pensarÃa demasiado, pues una buena ocasión no se presenta dos veces.
Visitas y recuerdos
September 25th, 2007
Recuerdo que durante algunos veranos, cuando era adolescente, en Barcelona, iba a visitar a mi tÃo. El habÃa decidido alquilar un apartamento en esa ciudad y ya tenÃa bastante tiempo viviendo ahÃ. Casi desde que recuerdo. En realidad, antes vivÃa en mi casa, con mis padres, mis hermanos y yo, pero eso fue sólo un par de años y luego se mudó. Trabajaba como agente inmobiliario, y siempre le agradó vivir en un apartamento, porque no se terminaba de adecuar a la idea de vivir en una casa en la que todos los que compartÃan el techo eran familia. No detestaba a la familia, pero le gustaba algo más de privacidad. PreferÃa el cierto anonimato que concede vivir en un edificio, en el que es muy probable que no llegue a conocer a todos de la misma manera, y que ellos no lo lleguen a conocer del todo a él.
Â
En todo caso, ya tenÃa viviendo ahà varios años -más de siete, si contaba este que acababa de empezar-, y eso era un logro para él, pues según me refieren mis otros tÃos y mis hermanos mayores, él jamás se quedó a vivir en un inmobiliario por más de un año cuando era joven. Al parecer estaba volviéndose más sedentario, sÃntoma de que tal vez se sentÃa más maduro y con mayores planes a largo plazo, para lo cual necesitaba la seguridad de mantenerse en un solo lugar durante el tiempo que le fuera a tomar lo que sea que él haya planeado.
Â
Bueno, yo lo visitaba, y cuando llegaba a su casa siempre dejaba de trabajar para que saliéramos a conocer la ciudad. En realidad todos los años me seguÃa diciendo eso, a pesar de que yo habÃa conocido la ciudad mucho antes de que él haya ido a vivir por allá. Ya la conocÃa, pues siempre, a mis padres, les gustó viajar conociendo distintos lugares del paÃs y Barcelona fue uno de los lugares que yo habÃa visitado desde muy niño. Aunque jamás se lo dije a mi tÃo, pues la primera vez que lo visité, me llevó por todos lados, muy feliz de que pudiera conocer su ciudad. Yo lo veÃa tan alegre en esas ocasiones que no le dije nada, y con el paso de las visitas, era más difÃcil decÃrselo, de manera que lo mantuve en secreto.
Â
Esta es la última vez que lo visito. No porque ninguno de los dos ya no quiera, sino por cuestiones de trabajo. Él se va a trabajar a Francia, por lo que estará más lejos, y yo por mi lado, tomaré un avión, pero en dirección contraria: iré a estudiar a México. Lo más probable es que durante alguna celebración, nos volvamos a ver en casa de mis padres, ya que ese es el núcleo de reunión de la familia. Ahà podremos recordar cuando yo era niño y él nos llevaba, a mà y a mis hermanos, a jugar al parque o a ver un partido al estadio, todos con la camiseta de nuestros equipos favoritos, aunque no jugaran ese dÃa. De seguro nos volveremos a ver; tal vez lo visite en su nuevo apartamento, o él a mà en el mÃo.
HAMBRE Y FRUSTRACION
September 21st, 2007
¿Nunca les ha pasado que llegan a su inmobiliario cansados luego de un arduo dÃa de trabajo y lo único que quieren es comer algo e irse a dormir? A todos nos pasa, hay dÃas que la jornada laboral se complica o nos distraemos con funciones que no corresponden a nuestro trabajo y terminamos extendiendo nuestro dÃa laboral hasta entrada la noche. Luego de eso llegamos a la casa y rendidos, muertos de hambre, queremos abrir el refrigerador y comer francamente lo que sea. Ah pero ¿Qué sucede cuando abrimos el refrigerador y no encontramos nada? Suena gracioso, trágico y hasta ridÃculo pero a veces es asÃ. Esta situación bien se puede dar debido a nuestra propia negligencia, ya que nos olvidamos de surtir adecuadamente el refrigerador, o de monitorearlo para que no nos falte nada. Estas reflexiones son lógicas para una persona que vive sola y que tiene múltiples ocupaciones y es natural que se le olvide algún dÃa de surtir sus despensas y a veces da la coincidencia que toca en uno de estos dÃas difÃciles. Sin embargo puede ser el caso que no vivamos solos y nos hayamos olvidado de apuntarle a la trabajadora del hogar los alimentos que debÃa tener en stock o que no haya habido una adecuada coordinación a este respecto. Hasta ahÃ, no nos podemos quejar.
Pero hay algo que si nos puede llegar a sacar de quicio y sucede cuando abrimos y no encontramos nada comestible debido a que algún miembro de la familia, desconsiderado, por cierto, ha arrasado literalmente con las raciones que hasta en la mañana se encontraban ahÃ. Nadie está diciendo que no se deba comer pero debe haber una consideración mÃnima hacia el resto de los integrantes del clan familiar. Eso me pasó la semana pasada y aún conservo la rabia y la frustración de ese momento. HabÃa llegado muy tarde a mi inmobiliario, que sé yo, serÃan las diez de la noche aproximadamente, minutos más, minutos menos, en mi trabajo las cosas no habÃan salido como yo hubiese querido y las complicaciones se trenzaron y recién se clarificaron en la noche, permitiendo mi salida. Es asà como llego a casa y tenÃa tanto cansancio que lo primero que hice fue lanzar mi maletÃn sobre la cama del cuarto y desenfundarme del uniforme de trabajo. Pensé en comer algo y luego irme a dormir pero por otra parte un buen baño era imperioso, asà que, decidà alterar el orden de los acontecimientos. Desgraciada idea.
Me terminé de desnudar y me di el duchazo más memorable en lo que va del año, me quedé remojando por casi treinta minutos y salà con nuevos brÃos, me puse mis pantuflas y una bata muy cómoda y me dirigà a la cocina a ver con qué empezarÃa. TenÃa en mente las exquisitas manzanas que habÃa visto en la hora del desayuno y un vaso de yogur helado para comenzar, quizá lo completarÃa con unas cuantas rebanadas de pan integral y listo. Al llegar a la cocina y abrir la refrigeradora me topé con que no habÃa absolutamente nada, aunque a decir verdad vi en el fondo de la primera división un cochino atado de frijol chino, inservible para mi por supuesto. De las manzanas y el yogur ni rastro. Me conformarÃa con el pan, asà que di media vuelta y empecé a registrar las gavetas de la alacena obteniendo la frustración por resultado. Lo peor del caso fue que ya me habÃa cambiado y no pensaba salir. Mi pareja habÃa salido con mi hijo y la doméstica estaba durmiendo, debÃa esperar al dÃa siguiente para desquitarme.
AGENTES INVISIBLES
September 21st, 2007
Esta historia me la contó un amigo al que le tengo mucha confianza, por eso le creà apenas la escuche, aún más allá de mi asombro y de mis ganas de no creerla. No parecÃa que a una persona le podÃa ocurrir esto, asà que no querÃa creerlo pero tuve que hacerlo pues todo pareció tan real. Me contó que le ocurrió a un primo suyo, que vivÃa en Madrid. Claro que después de lo ocurrido no se quedó ni en su apartamento, ni en la ciudad, ni en el paÃs.  Es decir, de su apartamento en España no quedó ni memoria. Ahora está en el extranjero, pero sabe Dios dónde pues no quiso decir adónde se iba. En fin, la historia empezó un dÃa que volvÃa de trabajar, en realidad un poco más temprano que de costumbre. Hasta que subió por el elevador y entró a su apartamento, todo estaba normal. No habÃa indicio de nada que pudiera sacarlo de su rutinario descanso post trabajo. Sin embrago nadie se imaginaba lo que luego le iba a pasar.
Entró a sus dormitorio y de inmediato sintió que llamaban a su puerta por lo que se dirigió hacia ella, aunque no de muy mala gana. Pero no encontró a nadie. Volvió a entrar y volvió a ocurrir lo mismo. Esto pasó más de cinco veces según me refiere mi amigo, puede que hayan sido más o menos, nunca se sabe cuando una historia pasa de boca en boca. La última vez que se dirigió a la puerta, encontró un paquete que estaba al pie. Lo recogió y lo metió a su casa pues tenia su nombre inscrito en él. Lo abrió y para su sorpresa no encontró nada que fuera a significarle algo, pues porque de hecho no halló nada. La caja estaba vacÃa. La dejó en el pasadizo, y apenas cerró la puerta, alguien volvió a tocarla. Esta vez ya estaba enojado. Abrió y nadie. Pateó la caja y esta fue a dar en la puerta de en frente haciendo un ruido un poco fuerte. Por lo que decidió ir a disculparse con su vecino. Aunque no lo conociera, y aunque en realidad no conociera a nadie en el edificio, pues acababa de alquilar el apartamento hace menos de una semana y con tanto trabajo no habÃa tenido tiempo de ver a nadie a la ahora que él llegaba a la casa.
Tocó la puerta repetida veces y no sucedió nada. Asà que creyó que quien le hacÃa la broma provenÃa de ese apartamento. Tocó más fuerte, y más fuerte pero nada. De pronto escuchó unos pasos por la escalera y se calmó. No querÃa que lo vieran exaltado. Eran dos personas, una de ellas le dijo ser el dueño del edificio y le preguntó ¿qué hacÃa allÃ?. Él le respondió que ahà vivÃa y que trataba de descansar. Sin embargo la respuesta que oyó era imposible y aterradora: no podÃa vivir ahà por que nadie habÃa alquilado ningún apartamento. El agente inmobiliario encargado se habÃa suicidado justo antes de empezar el proceso, y lo habÃa hecho en el apartamento al cual nuestro personaje habÃa estado llamando a la puerta. Él, intrigado, les preguntó por su nombre y sus caracterÃsticas. En ese momento hubiese querido dejar de oÃr, pero el nombre de su agente, el que le habÃa alquilado la casa hace una semana, fue el mismo del agente que se habÃa suicidado hace dos.
ADOPCIÓN CANINA
September 19th, 2007
La semana pasada fui yo quien se encargo de llevar la alegrÃa al inmobiliario. No es que éste haya sido abandonado o golpeado por una tragedia o que alguna mala noticia se haya cernido sobre el, pero le faltaba algo, un no se qué. Si bien es cierto, no se tratable un inmueble de grandes dimensiones, era cómodo y acogedor, suficiente para mi esposa, mi hijo y quien les escribe. No habÃa piscina, pero podÃamos comprar una inflable y colocarla sobre el jardÃn, eso en verano, pero en invierno faltaba una diversión de ese calibre y habÃa que pensar en algo desde ahora. Con esos pensamientos me fui a dormir y al dÃa siguiente olvidé por completo el asunto y me fui a trabajar como cualquier dÃa. Dio la hora de refrigerio y salà a comprar algo para el refrigerio. No era mi intención almorzar en un restaurante ya que tenÃa trabajo acumulado y querÃa ganar tiempo al tiempo, asà que pensé que un par de sándwiches y una bebida estarÃan bien, eso me lo podrÃa traer de vuelta a la oficina y seguir avanzando con mi trabajo. Entre a un autoservicio de comidas rápidas y ordene dos hamburguesas grandes con su respectiva ración de papas fritas y una bebida extra grande, me atendieron rápido y, sin perder tiempo, di media vuelta rumbo al trabajo. En el camino, que era cinco minutos a pie, me topé con un simpático perro que al parecer olfateó la carne que traÃa en la bolsa y empezó a seguirme, no hice caso en primera instancia pero luego cuando me di cuenta que ya estaba por llegar a mi oficina, decidà deshacerme de el y no tuve mejor idea que arrojarle un pedazo de una de mis hamburguesas, seguro tendrÃa hambre. Lo dejé allà y terminé de dar los últimos pasos para hacer mi reingreso a las instalaciones donde estaba ubicada mi oficina.
Â
           Continué con el trabajo y pude acabar a poco después de las seis de la tarde, tal como habÃa planeado al sacrificar mi hora de almuerzo. Apagué la computadora, guardé mis papeles y me levanté para retirarme. Salà despreocupadamente por el pasillo y marqué mi tarjeta de salida. Al abrirse la puerta que me separaba de la calle, sentà que alguien me miraba. No puede ser, me dije, sonriendo ante la sorpresa, a escasos metros de la puerta el perro que me habÃa perseguido a la hora de mi refrigerio estaba esperándome, eso me pareció, porque de inmediato emprendió la carrera hacia mÃ. Era un Samolledo grande de color blanco que a decir verdad se acercaba al color negro por lo percudido de su pelaje, sin duda era de raza, oà algo de raza le quedaba, con un buen baño quedaba listo para un campeonato, porque era bastante agraciado. Lo curioso es que mientras corrÃa hacia mà no sentà miedo, sentà que no querÃa hacerme daño, solo jugueteó conmigo dando brincos y vueltas a mi alrededor. Le sonreà y no lo acaricié porque estaba muy sucio, pero el can me siguió hasta el auto. Abrà la maletera, guardé mi maletÃn y abrà la puerta para subirme, el can me miró con cara de tristeza y la verdad, debo confesarlo, me quebré, cómo podÃa dejarlo ahÃ, soy tan débil con los animales.
Â
           Y, abriéndole la puerta de atrás del auto, le hice una señal para que subiera, pero, eso sÃ, asà no lo podÃa presentar, asà que me dirigà a buscar una clÃnica para que lo bañaran y lo despulgaran. Afortunadamente di con una que ya estaba por cerrar pero al oÃr mi historia, se conmovieron igualmente e hicieron una honrosa excepción. Esperé cerca de una hora en la que aproveché para rociar el spray anti pulgas que le compré al mismo veterinario en el interior de mi auto, por si las dudas. Cuando regresé a recoger a mi nuevo amigo, quedé maravillado. Ahora era totalmente blanco y esponjoso, una belleza realmente, quien no iba a querer tenerlo, y feliz, con mi flamante adopción, me dirigà hasta mi inmobiliario. Ya se imaginaran la alegrÃa de mi hijo y de mi mujer cuando me presenté con semejante espécimen. Poco les faltó para preguntarme de dónde me lo habÃa robado.
El interrogatorio
September 19th, 2007
Yo regresaba del estadio después de haber vivido una tarde bastante vibrante, aunque el partido habÃa terminado en empate habÃa disfrutado mucho. No importara que ninguno de los dos equipo hubiese ganado, tal vez era mejor de esta manera, ya que fui acompañado de un amigo que alentaba al equipo con el que se enfrentaba el mÃo. AsÃ, cuando salimos del estadio no nos burlamos del otro porque su equipo hubiese perdido y las bromas fueron sobre otros. Pasamos por unos amigos que recién salÃan de trabajar y nos dirigimos a mi inmueble. Una vez allÃ, quedamos en pedir unas cosas para comer pues se hacÃa tarde y no habÃamos siquiera almorzado. Era porque ese dÃa las cosas habÃan pasado tan apresuradas que casi no nos dimos cuenta de la hora hasta que llegó el momento de ir al estadio.
Â
Mientas esperábamos que llegara el pedido, nos pusimos a conversar y a beber un poco. No tenÃamos una reunión desde hace varias semanas y en realidad nos habÃamos visto poco. Era la primera vez que uno de ellos llegaba a mi casa, y era porque recién me habÃa mudado. Fue asà que empezó a bombardearme con una serie de preguntas que no me molestaron en lo absoluto, pero si me sorprendieron muchÃsimo. Por ejemplo empezó a interrogarme acerca de que agencia inmobiliaria habÃa contactado para conseguir el apartamento, o si era bastante beneficiosa la financiación inmobiliaria que habÃa podido conseguir. Cosas por el estilo que por lo general no estaba acostumbrado a hablar en una reunión con amigos. Sin embargo me lo preguntaba de una manera tan natural que me parecÃa que tan sólo iba haciendo un tema de conversación en espera de la comida, que yo ansiaba que llegara en cualquier momento, lo más pronto posible, tanto porque tenÃa mucha hambre como porque ya no me agradaba seguir dándole detalles de mi compra de apartamento.
Â
Finalmente llegó la comida. Sonó el timbre y me paré de inmediato para acercarme a la puerta, abrirla y escapar de aquel -sobre todo aburrido- interrogatorio que me tenÃa sentado por más de media hora hablando de lo mismo, repitiendo y repitiendo las frases que hace minutos habÃa dicho. Regresé con la comida en la mano y trate de cambiar le tema pero mi amigo volvió a la carga con su montón de preguntas, acerca de cómo habÃa hecho, dónde habÃa buscado, y finalmente hizo una pregunta que por fin me dio la luz de entender a que se debÃa todo ese cuestionario que parecÃa tan elaborado: ¿habrá otro apartamento cerca, a un precio similar? En primer lugar, yo no lo sabÃa porque no andaba preocupado por el movimiento inmobiliario de la zona. Sin embargo después de que ese pensamiento cruzara por mi cabeza me di cuenta de que desde llegamos toda la conversación habÃa girado en torno a su interés por adquirir un apartamento. Después de ello le dijimos que mañana empezara él su búsqueda de nueva casa y que por ahora solo querÃamos discutir el partido.
Inesperada sorpresa
September 17th, 2007
Estábamos ya dispuestos a salir. HabÃamos dejado, por todos los medios posibles cualquiera factor que nos vaya a causar alguna preocupación más a delante, durante nuestro largo periodo de ausencia. Mis hermanos y yo empezábamos en verdad a disfrutar de este verano. Ya todo estaba detrás, los problemas causados por las reparaciones en nuestro inmobiliario sobre todas las cosas, era lo que más no habÃa estad o molestando desde hace meses, y por fin, estarÃamos lejos de esa casa que parecÃa que nos odiaba, y que se iba cayendo poco a poco cuando alguno de nosotros permanecÃa mucho tiempo ahà dentro.
Asà que al voltear la esquina y perder de vista esa horrenda casa –que en realidad todos deseábamos que se destruyera totalmente para poder contactar con algún agente inmobiliario para adquirir otra nueva propiedad- el alivio empezó a crecer más aún. Los planes eran visitar a unos cuantos amigos que vivÃan en Madrid. Ellos se habÃan mudado por cuestiones de estudio, y uno que otro por haber encontrado en la capital un trabajo que se le acomodaba. Asà que hacia allá nos dirigÃamos, con la mente disfrutando de los dÃas de sol que empezaban a cruzarse por nuestro camino, mientras viajábamos en el viejo coche que nos habÃa heredado nuestro tÃo, el hermano de mamá. HacÃamos uso de él para todas las salidas que tenÃamos, y era verdaderamente un milagro que aún pudiera andar varios kilómetros y a una buena velocidad sin la necesidad de un mecánico que lo vaya a reparar.
En fin, como no fuera que pensáramos en ello muy seguido, en realidad no nos percatábamos de la gran utilidad que tenÃa para nosotros ese auto vejete, que sin embargo querÃamos tanto. Ya habÃan pasado las horas suficientes como para que nuestro destino pudiera sentirse lo bastante cerca. Yo pensando en ese momento en que serÃa de verdad extraordinario que pudiéramos juntar a todos nuestros amigos en una sola casa y celebrar este reencuentro como se debÃa hacerlo. Desde la época del colegio que no andábamos juntos y disfrutábamos de un tarde de sol, y luego de una noche divertidÃsima saliendo por toda la ciudad en busca del resto de amigos para pasarla bien.
Llegamos, finalmente a la primera casa que nos habÃa marcado el recorrido que estaba trazado desde que salimos de casa. Allà estaban un par de personas de las que tenÃamos paneado encontrar. Nos dijeron que como sabÃan que Ãbamos para allá se habÃan puesto de acuerdo para reunirse desde temprano en alguna de las propiedades que tenÃan, ero que lamentablemente, no se habÃan podido contactar con todos, y que demás de los pocos que habÃan contactado gran parte tenÃa que trabajar aún, o se encontraba ocupado en otras cosas y que lamentaban mucho no poder ir. Fue asà como nos reunimos en un apartamento en el centro de la ciudad tan sólo nosotros, mis hermanos, y unos cuantos amigos más. Aunque hubiésemos querido que todos estén disponibles para poder reunirnos, resultó bastante divertida la ocasión, lo cual nos sirvió para prometer que durante las próximas vacaciones volverÃamos, previo aviso a todos, para que no tengan otros planes.
MAS RESPETO CON LA ABUELA
September 13th, 2007
¿Qué pasa cuando la visita no se va? Todos hemos pasado por esta situación, bastante embarazosa por cierto. Si la visita que llega hasta nuestro inmobiliario no tiene un sentido fino de la prudencia y la mesura, tenemos que ser nosotros los que la inviten a retirarse, pero ¿cómo hacer esto de la mejor manera? La idea es que la otra parte no se sienta ofendida ni nosotros caer en la groserÃa. La verdad es que no hay ninguna regla general ni consejo práctico, aunque….
Hará medio año me tocó pasar por esta particular situación cuando una pareja de amigos fue a visitarnos de improviso y sin previa llamada, digo visitarnos porque la pareja de amigos en cuestión, también goza de las simpatÃa de toda mi familia, claro, es que la ventaja del resto de mi familia es que ellos se pueden retirar o transitar libremente por el inmobiliario mientras soy yo el que tiene que hacerla de Ricardo Montalbán y darles la bienvenida al inmobiliario de la fantasÃa. La pareja a la que hago referencia es casada pero no tiene hijos, a diferencia mÃo que sà tengo un pequeño niño de cuatro años y a quién no se cansan de alabar y de mimar y de pedirme una serie de consejos o de formularme una baterÃa de preguntas acerca de cómo criar a un niño, es gracioso pero a veces me hacen sentir como si yo fuese un psicólogo o mÃnimo un consejero de hogar.
En esas charlas nos pasamos horas, con almuerzo incluido, narrando desde el momento de la decisión mÃa por tener hijos y llegando hasta la actualidad en lo que respecta a sus cuidados básicos y la elección de su educación y hasta de su pediatra. Lo increÃble es que no sé de donde sacan tantas preguntas, creo que las copian de alguna página web o de algún programa para bebés, de esos que pululan en la televisión por cable. La última visita a la que hago referencia pasaron cerca de cinco horas, con este servidor, las dos primeras horas bien, la tercera también compartiendo el almuerzo con el resto de mi familia, la siguiente media hora una acostumbrada sobre mesa y después lo lógico era que se despidieran para yo poder irme a ver el fútbol que tanto me gusta. Pero no sucedió asÃ. Ustedes pensarán que quedaba ala alternativa de decirle al representante masculino de la pareja que me visitaba, que me acompañase a ver el fútbol, pero para mi desgracia al señor no le gusta el fútbol y prefiere los cuestionarios largos. No me quedaba nada por hacer más que rezar para que se presentase una emergencia o que ocurriera algún desastre natural de proporciones ya que la pareja en cuestión no mostraba signos de aburrimiento a diferencia mÃa.
De pronto se me prendió el foquito y recordé uno de aquellos ancestrales trucos que a manera de sentencia, utilizando el dedo Ãndice, me decÃa mi abuela años antes de fallecer. La nona me decÃa que cuando uno tiene una visita rebelde en casa, refiriéndose a las visitas que se quedan enclavadas en el sofá, lo que debe de hacer es excusarse un momento y retirarse a la puerta más próxima que se tenga y ahà recargar una escoba sobre la misma puerta pero posicionándola de cabeza, es decir con el mango sirviendo de base, para luego volver hasta el lugar donde se encuentra nuestra visita. Según mi abuela, este era un truco infalible y las visitas al poco se marchaban. ¿InverosÃmil? SÃ. ¿Folclórico? SÃ. ¿Estúpido? Sà ¿Funcionó? Si. En menos de cinco minutos la visita procedÃa a despedirse y retirarse.
Más respeto con la abuela
