Oportunidad de golpe

September 27th, 2007

Tratando de conseguir un apartamento en el centro de Navarra, salí a buscar a mi hermano para que me acompañase. Pero primero debía esperar que terminase de trabajar. Así que estuve en la primera planta del edifico donde queda su oficina, y me quedé conversando con la recepcionista por largo rato, quien ya me conocía pues eran varias las ocasiones en las que había ido a buscar a mi hermano a su trabajo. De esta manera se pasó más de una hora y media hasta que fue la hora del almuerzo. Vi bajar a mi hermano y le dije que me acompañara para ver pisos por ahí cerca, pero me dijo que no tenía mucho tiempo y que volvería a trabajar en unos cuarenta y cinco minutos, el tiempo que tenía para salir a comer y luego regresar a su trabajo. Por lo que salí con él a comer. Mientras tanto le iba contando los anuncios que había visto en los diarios, y que me había contactado con un amigo que tenía un conocido que era agente inmobiliario y que me podía ayudar a buscar el apartamento que quería. Lo cual me parecía muy bueno, y a mi hermano también le pareció lo mismo; pues podría ahorrarme un poco de dinero si salía todo bien.

 

En fin, terminó el almuerzo y él volvió a su trabajo y yo a esperarlo, pues el coche era de él. Seguí esperando unas horas más y por fin terminó la hora de trabajo. Fuimos a ver algunos inmuebles y nos pasamos el resto del día en eso. Primero, empezamos por unos que estaban bastante cerca de su trabajo, por lo cual todo estuvo normal, pero cuando empezaba a anochecer y le dije que teníamos que ir más lejos como que se enojó un poco y ya no quiso seguir. Nos paramos a echarle gasolina al carro, y después, sin decir nada, fue camino a donde yo le había indicado. Ello me pareció raro, pues creí que ya íbamos a ir a casa, y que la indagación de precios seguiría otro día que no fuese hoy.

 

Sin embargo, como todavía no era muy tarde, encontramos un par de lugares en los que nos pudieron dar información sobre algunos apartamentos que estaban a la venta y también en alquiler. Al parecer la búsqueda del inmueble no era tan difícil como yo lo había imaginado en un principio, y ahora sólo estaba a punto de encontrar el lugar que más me gustara. Los precios de los inmuebles que había oído no eran muy elevados por lo que pude verificar in situ, lo que había leído en los diarios acerca de la disminución, aunque no mucha, de precios. Igual era una buena oportunidad para lo del apartamento, seguía pensando yo. Así terminó ese día. Con un par de muy buenas ofertas, y con las ganas de comprar al momento el apartamento, pero el ímpetu era calmado por mi hermano que me decía que era mejor pensarlo un poco. Así, yo le hacía caso, sin embargo no lo pensaría demasiado, pues una buena ocasión no se presenta dos veces.

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Visitas y recuerdos

September 25th, 2007

Recuerdo que durante algunos veranos, cuando era adolescente, en Barcelona, iba a visitar a mi tío. El había decidido alquilar un apartamento en esa ciudad y ya tenía bastante tiempo viviendo ahí. Casi desde que recuerdo. En realidad, antes vivía en mi casa, con mis padres, mis hermanos y yo, pero eso fue sólo un par de años y luego se mudó. Trabajaba como agente inmobiliario, y siempre le agradó vivir en un apartamento, porque no se terminaba de adecuar a la idea de vivir en una casa en la que todos los que compartían el techo eran familia. No detestaba a la familia, pero le gustaba algo más de privacidad. Prefería el cierto anonimato que concede vivir en un edificio, en el que es muy probable que no llegue a conocer a todos de la misma manera, y que ellos no lo lleguen a conocer del todo a él.

 

En todo caso, ya tenía viviendo ahí varios años -más de siete, si contaba este que acababa de empezar-, y eso era un logro para él, pues según me refieren mis otros tíos y mis hermanos mayores, él jamás se quedó a vivir en un inmobiliario por más de un año cuando era joven. Al parecer estaba volviéndose más sedentario, síntoma de que tal vez se sentía más maduro y con mayores planes a largo plazo, para lo cual necesitaba la seguridad de mantenerse en un solo lugar durante el tiempo que le fuera a tomar lo que sea que él haya planeado.

 

Bueno, yo lo visitaba, y cuando llegaba a su casa siempre dejaba de trabajar para que saliéramos a conocer la ciudad. En realidad todos los años me seguía diciendo eso, a pesar de que yo había conocido la ciudad mucho antes de que él haya ido a vivir por allá. Ya la conocía, pues siempre, a mis padres, les gustó viajar conociendo distintos lugares del país y Barcelona fue uno de los lugares que yo había visitado desde muy niño. Aunque jamás se lo dije a mi tío, pues la primera vez que lo visité, me llevó por todos lados, muy feliz de que pudiera conocer su ciudad. Yo lo veía tan alegre en esas ocasiones que no le dije nada, y con el paso de las visitas, era más difícil decírselo, de manera que lo mantuve en secreto.

 

Esta es la última vez que lo visito. No porque ninguno de los dos ya no quiera, sino por cuestiones de trabajo. Él se va a trabajar a Francia, por lo que estará más lejos, y yo por mi lado, tomaré un avión, pero en dirección contraria: iré a estudiar a México. Lo más probable es que durante alguna celebración, nos volvamos a ver en casa de mis padres, ya que ese es el núcleo de reunión de la familia. Ahí podremos recordar cuando yo era niño y él nos llevaba, a mí y a mis hermanos, a jugar al parque o a ver un partido al estadio, todos con la camiseta de nuestros equipos favoritos, aunque no jugaran ese día. De seguro nos volveremos a ver; tal vez lo visite en su nuevo apartamento, o él a mí en el mío.

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HAMBRE Y FRUSTRACION

September 21st, 2007

¿Nunca les ha pasado que llegan a su inmobiliario cansados luego de un arduo día de trabajo y lo único que quieren es comer algo e irse a dormir? A todos nos pasa, hay días que la jornada laboral se complica o nos distraemos con funciones que no corresponden a nuestro trabajo y terminamos extendiendo nuestro día laboral hasta entrada la noche. Luego de eso llegamos a la casa y rendidos, muertos de hambre, queremos abrir el refrigerador y comer francamente lo que sea. Ah pero ¿Qué sucede cuando abrimos el refrigerador y no encontramos nada? Suena gracioso, trágico y hasta ridículo pero a veces es así. Esta situación bien se puede dar debido a nuestra propia negligencia, ya que nos olvidamos de surtir adecuadamente el refrigerador, o de monitorearlo para que no nos falte nada. Estas reflexiones son lógicas para una persona que vive sola y que tiene múltiples ocupaciones y es natural que se le olvide algún día de surtir sus despensas y a veces da la coincidencia que toca en uno de estos días difíciles. Sin embargo puede ser el caso que no vivamos solos y nos hayamos olvidado de apuntarle a la trabajadora del hogar los alimentos que debía tener en stock o que no haya habido una adecuada coordinación a este respecto. Hasta ahí, no nos podemos quejar.

Pero hay algo que si nos puede llegar a sacar de quicio y sucede cuando abrimos y no encontramos nada comestible debido a que algún miembro de la familia, desconsiderado, por cierto, ha arrasado literalmente con las raciones que hasta en la mañana se encontraban ahí. Nadie está diciendo que no se deba comer pero debe haber una consideración mínima hacia el resto de los integrantes del clan familiar. Eso me pasó la semana pasada y aún conservo la rabia y la frustración de ese momento. Había llegado muy tarde a mi inmobiliario, que sé yo, serían las diez de la noche aproximadamente, minutos más, minutos menos, en mi trabajo las cosas no habían salido como yo hubiese querido y las complicaciones se trenzaron y recién se clarificaron en la noche, permitiendo mi salida. Es así como llego a casa y tenía tanto cansancio que lo primero que hice fue lanzar mi maletín sobre la cama del cuarto y desenfundarme del uniforme de trabajo. Pensé en comer algo y luego irme a dormir pero por otra parte un buen baño era imperioso, así que, decidí alterar el orden de los acontecimientos. Desgraciada idea.

Me terminé de desnudar y me di el duchazo más memorable en lo que va del año, me quedé remojando por casi treinta minutos y salí con nuevos bríos, me puse mis pantuflas y una bata muy cómoda y me dirigí a la cocina a ver con qué empezaría. Tenía en mente las exquisitas manzanas que había visto en la hora del desayuno y un vaso de yogur helado para comenzar, quizá lo completaría con unas cuantas rebanadas de pan integral y listo. Al llegar a la cocina y abrir la refrigeradora me topé con que no había absolutamente nada, aunque a decir verdad vi en el fondo de la primera división un cochino atado de frijol chino, inservible para mi por supuesto. De las manzanas y el yogur ni rastro. Me conformaría con el pan, así que di media vuelta y empecé a registrar las gavetas de la alacena obteniendo la frustración por resultado. Lo peor del caso fue que ya me había cambiado y no pensaba salir. Mi pareja había salido con mi hijo y la doméstica estaba durmiendo, debía esperar al día siguiente para desquitarme.

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AGENTES INVISIBLES

September 21st, 2007

Esta historia me la contó un amigo al que le tengo mucha confianza, por eso le creí apenas la escuche, aún más allá de mi asombro y de mis ganas de no creerla. No parecía que a una persona le podía ocurrir esto, así que no quería creerlo pero tuve que hacerlo pues todo pareció tan real. Me contó que le ocurrió a un primo suyo, que vivía en Madrid. Claro que después de lo ocurrido no se quedó ni en su apartamento, ni en la ciudad, ni en el país.  Es decir, de su apartamento en España no quedó ni memoria. Ahora está en el extranjero, pero sabe Dios dónde pues no quiso decir adónde se iba.  En fin, la historia empezó un día que volvía de trabajar, en realidad un poco más temprano que de costumbre. Hasta que subió por el elevador y entró a su apartamento, todo estaba normal. No había indicio de nada que pudiera sacarlo de su rutinario descanso post trabajo.  Sin embrago nadie se imaginaba lo que luego le iba a pasar.

Entró a sus dormitorio y de inmediato sintió que llamaban a su puerta por lo que se dirigió hacia ella, aunque no de muy mala gana. Pero no encontró a nadie. Volvió a entrar y volvió a ocurrir lo mismo. Esto pasó más de cinco veces según me refiere mi amigo, puede que hayan sido más o menos, nunca se sabe cuando una historia pasa de boca en boca. La última vez que se dirigió a la puerta, encontró un paquete que estaba al pie. Lo recogió y lo metió a su casa pues tenia su nombre inscrito en él. Lo abrió y para su sorpresa no encontró nada que fuera a significarle algo, pues porque de hecho no halló nada. La caja estaba vacía. La dejó en el pasadizo, y apenas cerró la puerta, alguien volvió a tocarla. Esta vez ya estaba enojado. Abrió y nadie. Pateó la caja y esta fue a dar en la puerta de en frente haciendo un ruido un poco fuerte. Por lo que decidió ir a disculparse con su vecino. Aunque no lo conociera, y aunque en realidad no conociera a nadie en el edificio, pues acababa de alquilar el apartamento hace menos de una semana y con tanto trabajo no había tenido tiempo de ver a nadie a la ahora que él llegaba a la casa.

Tocó la puerta repetida veces y no sucedió nada. Así que creyó que quien le hacía la broma provenía de ese apartamento. Tocó más fuerte, y más fuerte pero nada. De pronto escuchó unos pasos por la escalera y se calmó. No quería que lo vieran exaltado. Eran dos personas, una de ellas le dijo ser el dueño del edificio y le preguntó ¿qué hacía allí?. Él le respondió que ahí vivía y que trataba de descansar. Sin embargo la respuesta que oyó era  imposible y aterradora: no podía vivir ahí por que nadie había alquilado ningún apartamento. El agente inmobiliario encargado se había suicidado justo antes de empezar el proceso, y lo había hecho en el apartamento al cual nuestro personaje había estado llamando a la puerta. Él, intrigado, les preguntó por su nombre y sus características. En ese momento hubiese querido dejar de oír, pero el nombre de su agente, el que le había alquilado la casa hace una semana, fue el mismo del agente que se había suicidado hace dos.

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ADOPCIÓN CANINA

September 19th, 2007

La semana pasada fui yo quien se encargo de llevar la alegría al inmobiliario. No es que éste haya sido abandonado o golpeado por una tragedia o que alguna mala noticia se haya cernido sobre el, pero le faltaba algo, un no se qué. Si bien es cierto, no se tratable un inmueble de grandes dimensiones, era cómodo y acogedor, suficiente para mi esposa, mi hijo y quien les escribe. No había piscina, pero podíamos comprar una inflable y colocarla sobre el jardín, eso en verano, pero en invierno faltaba una diversión de ese calibre y había que pensar en algo desde ahora. Con esos pensamientos me fui a dormir y al día siguiente olvidé por completo el asunto y me fui a trabajar como cualquier día. Dio la hora de refrigerio y salí a comprar algo para el refrigerio. No era mi intención almorzar en un restaurante ya que tenía trabajo acumulado y quería ganar tiempo al tiempo, así que pensé que un par de sándwiches y una bebida estarían bien, eso me lo podría traer de vuelta a la oficina y seguir avanzando con mi trabajo. Entre a un autoservicio de comidas rápidas y ordene dos hamburguesas grandes con su respectiva ración de papas fritas y una bebida extra grande, me atendieron rápido y, sin perder tiempo, di media vuelta rumbo al trabajo. En el camino, que era cinco minutos a pie, me topé con un simpático perro que al parecer olfateó la carne que traía en la bolsa y empezó a seguirme, no hice caso en primera instancia pero luego cuando me di cuenta que ya estaba por llegar a mi oficina, decidí deshacerme de el y no tuve mejor idea que arrojarle un pedazo de una de mis hamburguesas, seguro tendría hambre. Lo dejé allí y terminé de dar los últimos pasos para hacer mi reingreso a las instalaciones donde estaba ubicada mi oficina.

 

            Continué con el trabajo y pude acabar a poco después de las seis de la tarde, tal como había planeado al sacrificar mi hora de almuerzo. Apagué la computadora, guardé mis papeles y me levanté para retirarme. Salí despreocupadamente por el pasillo y marqué mi tarjeta de salida. Al abrirse la puerta que me separaba de la calle, sentí que alguien me miraba. No puede ser, me dije, sonriendo ante la sorpresa, a escasos metros de la puerta el perro que me había perseguido a la hora de mi refrigerio estaba esperándome, eso me pareció, porque de inmediato emprendió la carrera hacia mí. Era un Samolledo grande de color blanco que a decir verdad se acercaba al color negro por lo percudido de su pelaje, sin duda era de raza, oí algo de raza le quedaba, con un buen baño quedaba listo para un campeonato, porque era bastante agraciado. Lo curioso es que mientras corría hacia mí no sentí miedo, sentí que no quería hacerme daño, solo jugueteó conmigo dando brincos y vueltas a mi alrededor. Le sonreí y no lo acaricié porque estaba muy sucio, pero el can me siguió hasta el auto. Abrí la maletera, guardé mi maletín y abrí la puerta para subirme, el can me miró con cara de tristeza y la verdad, debo confesarlo, me quebré, cómo podía dejarlo ahí, soy tan débil con los animales.

 

            Y, abriéndole la puerta de atrás del auto, le hice una señal para que subiera, pero, eso sí, así no lo podía presentar, así que me dirigí a buscar una clínica para que lo bañaran y lo despulgaran. Afortunadamente di con una que ya estaba por cerrar pero al oír mi historia, se conmovieron igualmente e hicieron una honrosa excepción. Esperé cerca de una hora en la que aproveché para rociar el spray anti pulgas que le compré al mismo veterinario en el interior de mi auto, por si las dudas. Cuando regresé a recoger a mi nuevo amigo, quedé maravillado. Ahora era totalmente blanco y esponjoso, una belleza realmente, quien no iba a querer tenerlo, y feliz, con mi flamante adopción, me dirigí hasta mi inmobiliario. Ya se imaginaran la alegría de mi hijo y de mi mujer cuando me presenté con semejante espécimen. Poco les faltó para preguntarme de dónde me lo había robado.

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El interrogatorio

September 19th, 2007

Yo regresaba del estadio después de haber vivido una tarde bastante vibrante, aunque el partido había terminado en empate había disfrutado mucho. No importara que ninguno de los dos equipo hubiese ganado, tal vez era mejor de esta manera, ya que fui acompañado de un amigo que alentaba al equipo con el que se enfrentaba el mío. Así, cuando salimos del estadio no nos burlamos del otro porque su equipo hubiese perdido y las bromas fueron sobre otros. Pasamos por unos amigos que recién salían de trabajar y nos dirigimos a mi inmueble. Una vez allí, quedamos en pedir unas cosas para comer pues se hacía tarde y  no habíamos siquiera almorzado. Era porque ese día las cosas habían pasado tan apresuradas que casi no nos dimos cuenta de la hora hasta que llegó el momento de ir al estadio.

 

Mientas esperábamos que llegara el pedido, nos pusimos a conversar y a beber un poco. No teníamos una reunión desde hace varias semanas y en realidad nos habíamos visto poco. Era la primera vez que uno de ellos llegaba a mi casa, y era porque recién me había mudado. Fue así que empezó a bombardearme con una serie de preguntas que no me molestaron en lo absoluto, pero si me sorprendieron muchísimo. Por ejemplo empezó a interrogarme acerca de que agencia inmobiliaria había contactado para conseguir el apartamento, o si era bastante beneficiosa la financiación inmobiliaria que había podido conseguir. Cosas por el estilo que por lo general no estaba acostumbrado a hablar en una reunión con amigos. Sin embargo me lo preguntaba de una manera tan natural que me parecía que tan sólo iba haciendo un tema de conversación en espera de la comida, que yo ansiaba que llegara en cualquier momento, lo más pronto posible, tanto porque tenía mucha hambre como porque ya no me agradaba seguir dándole detalles de mi compra de apartamento.

 

Finalmente llegó la comida. Sonó el timbre y me paré de inmediato para acercarme a la puerta, abrirla y escapar de aquel -sobre todo aburrido- interrogatorio que me tenía sentado por más de media hora hablando de lo mismo, repitiendo y repitiendo las frases que hace minutos había dicho. Regresé con la comida en la mano y trate de cambiar le tema pero mi amigo volvió a la carga con su montón de preguntas, acerca de cómo había hecho, dónde había buscado, y finalmente hizo una pregunta que por fin me dio la luz  de entender a que se debía todo ese cuestionario que parecía tan elaborado: ¿habrá otro apartamento cerca, a un precio similar? En primer lugar, yo no lo sabía porque no andaba preocupado por el movimiento inmobiliario de la zona. Sin embargo después de que ese pensamiento cruzara por mi cabeza me di cuenta de que desde llegamos toda la conversación había girado en torno a su interés por adquirir un apartamento. Después de ello le dijimos que mañana empezara él su búsqueda de nueva casa y que por ahora solo queríamos discutir el partido.

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Inesperada sorpresa

September 17th, 2007

Estábamos ya dispuestos a salir. Habíamos dejado, por todos los medios posibles cualquiera factor que nos vaya a causar alguna preocupación más a delante, durante nuestro largo periodo de ausencia. Mis hermanos y yo empezábamos en verdad a disfrutar de este verano. Ya todo estaba detrás, los problemas causados por las reparaciones en nuestro inmobiliario sobre todas las cosas, era lo que más no había estad o molestando desde hace meses, y por fin, estaríamos lejos de esa casa que parecía que nos odiaba, y que se iba cayendo poco a poco cuando alguno de nosotros permanecía mucho tiempo ahí dentro.

Así que al voltear la esquina y perder de vista esa horrenda casa –que en realidad todos deseábamos que se destruyera totalmente para poder contactar con algún agente inmobiliario para adquirir otra nueva propiedad- el alivio empezó a crecer más aún. Los planes eran visitar a unos cuantos  amigos que vivían en Madrid. Ellos se habían mudado por cuestiones de estudio, y uno que otro por haber encontrado en la capital un trabajo que se le acomodaba. Así que hacia allá nos dirigíamos, con la mente disfrutando de los días de sol que empezaban a cruzarse por nuestro camino, mientras viajábamos en el viejo coche que nos había heredado nuestro tío, el hermano de mamá. Hacíamos uso de él para todas las salidas que teníamos, y era verdaderamente un milagro que aún pudiera andar varios kilómetros y a una buena velocidad sin la necesidad de un mecánico que lo vaya a reparar.

En fin, como no fuera que pensáramos en ello muy seguido, en realidad no nos percatábamos de la gran utilidad que tenía para nosotros ese auto vejete, que sin embargo queríamos tanto. Ya habían pasado las horas suficientes como para que  nuestro destino pudiera sentirse lo bastante cerca. Yo pensando en ese momento en que sería de verdad extraordinario que pudiéramos juntar a todos nuestros amigos en una sola casa y celebrar este reencuentro como se debía hacerlo. Desde la época del colegio que no andábamos juntos y disfrutábamos de un tarde de sol, y luego de una noche divertidísima saliendo por toda la ciudad en busca del resto de amigos para pasarla bien.

Llegamos, finalmente a la primera casa que nos había marcado el recorrido que estaba trazado desde que salimos de casa. Allí estaban un par de personas de las que teníamos paneado encontrar. Nos dijeron que como sabían que íbamos para allá se habían puesto de acuerdo para reunirse desde temprano en alguna de las propiedades que tenían, ero que lamentablemente, no se habían podido contactar con todos, y que demás de los pocos que habían contactado gran parte tenía que trabajar aún, o se encontraba ocupado en otras cosas y que lamentaban mucho no poder ir. Fue así como nos reunimos en un apartamento en el centro de la ciudad tan sólo nosotros, mis hermanos, y unos cuantos amigos más. Aunque hubiésemos querido que todos estén disponibles para poder reunirnos, resultó bastante divertida la ocasión, lo cual nos sirvió para prometer que durante las próximas vacaciones volveríamos, previo aviso a todos, para que no tengan otros planes.

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MAS RESPETO CON LA ABUELA

September 13th, 2007

¿Qué pasa cuando la visita no se va? Todos hemos pasado por esta situación, bastante embarazosa por cierto. Si la visita que llega hasta nuestro inmobiliario no tiene un sentido fino de la prudencia y la mesura, tenemos que ser nosotros los que la inviten a retirarse, pero ¿cómo hacer esto de la mejor manera? La idea es que la otra parte no se sienta ofendida ni nosotros caer en la grosería. La verdad es que no hay ninguna regla general ni consejo práctico, aunque….

Hará medio año me tocó pasar por esta particular situación cuando una pareja de amigos fue a visitarnos de improviso y sin previa llamada, digo visitarnos porque la pareja de amigos en cuestión, también goza de las simpatía de toda mi familia, claro, es que la ventaja del resto de mi familia es que ellos se pueden retirar o transitar libremente por el inmobiliario mientras soy yo el que tiene que hacerla de Ricardo Montalbán y darles la bienvenida al inmobiliario de la fantasía. La pareja a la que hago referencia es casada pero no tiene hijos, a diferencia mío que sí tengo un pequeño niño de cuatro años y a quién no se cansan de alabar y de mimar y de pedirme una serie de consejos o de formularme una batería de preguntas acerca de cómo criar a un niño, es gracioso pero a veces me hacen sentir como si yo fuese un psicólogo o mínimo un consejero de hogar.

En esas charlas nos pasamos horas, con almuerzo incluido, narrando desde el momento de la decisión mía por tener hijos y llegando hasta la actualidad en lo que respecta a sus cuidados básicos y la elección de su educación y hasta de su pediatra. Lo increíble es que no sé de donde sacan tantas preguntas, creo que las copian de alguna página web o de algún programa para bebés, de esos que pululan en la televisión por cable. La última visita a la que hago referencia pasaron cerca de cinco horas, con este servidor, las dos primeras horas bien, la tercera también compartiendo el almuerzo con el resto de mi familia, la siguiente media hora una acostumbrada sobre mesa y después lo lógico era que se despidieran para yo poder irme a ver el fútbol que tanto me gusta. Pero no sucedió así. Ustedes pensarán que quedaba ala alternativa de decirle al representante masculino de la pareja que me visitaba, que me acompañase a ver el fútbol, pero para mi desgracia al señor no le gusta el fútbol y prefiere los cuestionarios largos. No me quedaba nada por hacer más que rezar para que se presentase una emergencia o que ocurriera algún desastre natural de proporciones ya que la pareja en cuestión no mostraba signos de aburrimiento a diferencia mía.

De pronto se me prendió el foquito y recordé uno de aquellos ancestrales trucos que a manera de sentencia, utilizando el dedo índice, me decía mi abuela años antes de fallecer. La nona me decía que cuando uno tiene una visita rebelde en casa, refiriéndose a las visitas que se quedan enclavadas en el sofá, lo que debe de hacer es excusarse un momento y retirarse a la puerta más próxima que se tenga y ahí recargar una escoba sobre la misma puerta pero posicionándola de cabeza, es decir con el mango sirviendo de base, para luego volver hasta el lugar donde se encuentra nuestra visita. Según mi abuela, este era un truco infalible y las visitas al poco se marchaban. ¿Inverosímil? Sí. ¿Folclórico? Sí. ¿Estúpido? Sí ¿Funcionó? Si. En menos de cinco minutos la visita procedía a despedirse y retirarse.

Más respeto con la abuela

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